Poemas cristianos


El justo Simeón

¡Señor Jesús!
¡Aciago es mi camino, ¡Señor!: muero de pena
delante de tu cruz, por ser pecaminoso;
y, -aún, estando herido, me amas sin condena,
brindándome la luz de un faro esplendoroso-!

¡Me humillo con el alma, ¡Señor!: enhorabuena,
queriendo resarcir el hecho vergonzoso
de haber perdido el don de fe, del cual, apenas,
hay una vaga lumbre en mí, -que arde en gozo-,

sintiendo tu mirada seguirme por doquier
en lapsos de tristeza y en lapsos de alegría;
pues, guardas la terneza de un noble corazón

que sabe perdonar mi culpa y comprender
-la lucha en la que vivo por no ser de herejía,
por no ser mi blasfemia agravio contra Dios!

II. En aras de tu Gloria -que, al mundo no es ajena-,
musito una oración en dádiva hinojosa;
pues, eres la razón de mi existencia plena,
y ¡estando entre tus brazos, te veo más hermoso!

¡Ansío tu Palabra de música serena,
de Vida y de Verdad, cual signo venturoso
de plácidos arrullos, que salva y que me llena
de ricas sensaciones! Te llamo lisonjoso,

y atiendes la plegaria que fluye de mi Ser
con presta devoción y ciega idolatría,
que hace que te alabe con humildad, ¡Señor!

... Y hundido en la penumbra, hincado a tus pies,
prometo redimirme del peso... que me hastía
de espúreo fardaje que cargo, ¡mi Señor!.

III. ¡Jesús!, el del poder sacramental divino
que, al verte sepultado, en un loco arrebato
de magia y emoción, un ángel (...) a ti vino,
e hizo resurrecto en honra del maltrato

mandado a padecer-: ¡oíd mi dulce trino
de anhelo y esperanza; de fe; cordial y grato
de un triste ruiseñor de vuelo peregrino
que sufre en soledad! ¡Tu voz no desacato

-si dices que me entregue con santa devoción
al dogma del cristiano de puro corazón,
hallando así la luz que quiero en mi camino-!.
... ¡Contemplo tu presencia, ¡feliz!: es mi destino
seguir en pos de ti la huella fulgurante
que lleva a la mansión del cielo ...! ¡(Soy tu amante)!.

Por Boris Clay - poeta colombiano.

La purísima concepción de nuestra señora

Si ociosa no, asistió naturaleza
Incapaz a la tuya, oh gran Señora,
Concepción limpia, donde ciega ignora
Lo que muda admiró de tu pureza.

Díganlo, oh Virgen, la mayor belleza
Del día, cuya luz tu manto dora,
La que calzas nocturna brilladora,
Los que ciñen carbunclos tu cabeza.

Pura la Iglesia ya, pura te llama
La Escuela, y todo pío afecto sabio
Cultas en tu favor da plumas bellas

¿Qué mucho, pues, si aun hoy sellado el labio,
Si la naturaleza aun hoy te aclama
Virgen pura, si el sol, luna y estrellas?

Por Luis de Góngora y Argote


El justo Simeón al Verbo humano
abraza y a la muerte apetecida
grato se ofrece, al tiempo que la vida
tiene y el mismo espíritu en su mano.

Y cual canoro cisne, el sabio anciano
ya su esperanza y gran edad cumplida
alegre de su fin, la agradecida
voz funeral así levanta ufano:

La muerte agora ¡oh claro sol, que abierta
senda nos muestras a la vida ausente!
Llegue, y en paz el cuerpo desanime;

no precie ya quien ve tu luz presente,
ver otra luz, ni el que la firme y cierta
salud alcanza, la mortal, estime.

De …. Juan de Jáuregui.

Pax

Señor, dame la paz, la paz que miro
esta tarde otoñal en mi ventana,
mientras se tiñe la extensión lejana
con la diáfana sangre de un zafiro.
A esta dulce quietud es cuanto aspiro:
ser el árbol que nace en la sabana
y no sabe por qué que cae mañana
y no tiene en sus hojas ni un suspiro.
Señor! pon en mi espíritu la suave
serenidad de la naturaleza
que de la duda y el dolor no sabe ...
señor! ya nada quiero, nada ansío,
y sólo pido a tu gentil largueza
que me transformes en rosal o en río.

Por Ricardo Nieto - Poeta colombiano.

La huída de Egipto

> ¿Dónde vais, Zagala,
Sola en el monte?
Mas quien lleva el sol
no teme la noche.

¿Dónde vais, María,
Divina Esposa,
Madre gloriosa
De quien os cría?
¿Qué hareis si el día
Se va al ocaso,
Y en el monte acaso
La noche os coge?
Mas quien lleva el sol
no teme la noche.

El ver las estrellas
Me cause enojos,
Pero vuestros ojos
Más lucen que ellas;
Ya sale con ellas
La noche oscura,
A vuestra hermosura
La luz se esconde;
Mas quien lleva el sol
no teme la noche.

Lope de Vega

La asunción de la Virgen María

Virgen pura, hoy quiere Dios
Que subáis del suelo al Cielo,
Pues cuando quisisteis vos,
Él bajó del Cielo al suelo.

Si en la tierra daros quiso
Dios del bien que allá tenía,
¿Qué os dará en el paraíso,
Donde todo es alegría?
El amor vuestro y de Dios
Hoy se encuentran en el vuelo,
Pues por Él a Dios váis vos,
Y Él a vos vino del Cielo.

El Padre os da la corona,
El Hijo su diestra mano,
Y la Tercera Persona
Os da su amor soberano.
AIcanzais, Virgen, de Dios
Premios, honras y consuelo,
Y por Él sois Cielo vos,
Y Él por vos hombre en el suelo.

Juan López de Ubeda


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