Ser paisa de pura cepa, es el orgullo que llevamos los Antioqueños en el corazón.
Su origen, su idiosincrasia, tesón y vicisitudes que lleva a cuestas para salir adelante, son las armas y herramientas que hacen de Antioquia un pueblo típico o atípico en Colombia.
Trataré de hacer un pequeño recorrido por el camino de mi vida, que aún no ha terminado. Sé donde comenzó mi itinerario, mas no donde y como terminará; solo quiero mostrarle al mundo, que cuando se quiere...
Se puede, así no se cuenten con los recursos económicos y sociales que exige el medio de nuestro siglo.
Amigo navegante: te presento la familia de Chispaisas
Ese hombre que ves en la foto, es el símbolo de la estirpe paisa. Nació hace 92 Abriles y aún no quiere doblegarse ante la inclemencia de los años.
Viejo roble que dió sus frutos de amor y sabiduría a pesar de ser una persona analfabeta, no sabe leer ni escribir, tan solo firmarse.
Nació pobre de recursos económicos y posiblemente así terminará los días de su existencia sobre este planeta lleno de dificultades, pero eso no fue óbice para procrear 13 hijos, y a punta de un
jornal campesino a todos nos dió de comer, nos vistió y como pobre todo lo necesario para subsistir hasta que cada cual cogió el rumbo que le señaló el destino.
A sus 92 años de edad conserva sus facultadas físicas y mentales. No fuma ni come carne, creo que bebió licor, dos veces en la vida - Cuando fue a pedir permiso para casarse y cuando murió su querida madre.
Se recoge en su lecho para el descanzo a las seis de la tarde, y se levanta a las cuatro o cinco de la mañana.
Reza el rosario y oraciones a cuanto santo ve por ahí mal puesto.
Antes de acostarse se toma una arómatica diferente cada día.
Cuando el sol en el horizonte ingenuo asoma, siempre lo coge in fraganti acariciando con sus toscas manos y sus pies descalzos, el lascivo
y turgente cuerpo de su tierra amada ... única amante con la cual le fue infiel a mi adorada madre.
Cuando se quiere ... Se puede
Dicen que los años y el hastío de la vida, acaba con el amor y la ternura; pues este adagio aquí no tuvo cupo. Mira mis viejos - Ya fallecidos
echos capullo de dulzura. Han pasado 61 años de convivencia, y aún entre peleas, caricias, ternura y tolerancia, son un solo cuerpo, una sola alma... Un nido de amor que ya el tiempo no derrumba.
Sesenta y un años atrás ensayaron esta pose, para covertirla en el marco de su vida, vínculo que jamás ni por ensayo han pensado desatar.
Que envidia nos puede causar este sencillo paisaje, pero estoy seguro que es envidia de la buena.
El campesino de por si es descomplicado. bajo su timidés y su baja preparación intelectual hace de su vida un placer incomparable.
Mira que placer sienten este par de viejos, sentados en el alar de su casita campesina, disfrutando mientras muere la tarde, de unas sabrosas tazas de mazamorra de maiz pilado bañado en leche y en compañía de
unos trocitos de panela macho.
Para qué mesas de lujo, manteles, platos y cubiertos de metal plateado .... Para qué baberos y servilletas de bordados finos ... Si, sólo una taza de peltre o barro le dan el toque de aristocracia humana.
__Te sigo contando mi historia en órden cronológico.
Soy el personaje de la siguente foto, 56 años menos viejo, haciendo el papel de jurado en un concurso de de compañeros de oficina.
En el año 1943, en una humilde casita de la vereda el Tambo, del Municipio de Abejorral nació el autor de este episodio.https://www.chispaisas.info/montenegro.htm
Soy el hijo mayor de la manada de los 13 hijos de esta prolífica familia paisa campesina.
Como todo niño campesino y pobre, fui creciendo entre flores, animales, rezos y canciones, y al cumplir los 5 años, en una escuelita rural entré para aprender mis primeras letras.
Tres kilómetros separaban mi casa del plantel educativo, recorrido que debía hacer caminando solo, los cinco días de la semana.
Una talega de trapo y una jíquera "bolsa de cabuya" eran mis únicas compañeras de viaje.
En la talega llevaba un cuaderno y lápiz y en la jíquera una botella con agua de panela y una arepa de maiz pelao como desayuno.
Ese mismo año aprendí a leer y a escribir. No sé como lo hice, pero se cumplió la sentencia del campesino paisa ... La letra con sangre entra, craso error, pero se cumplió.
El segundo año fue determinante en el rumbo de mi vida, y aquí comienza la evolución de un humilde campesino.
Aprendí otras cositas, no recuerdo que, y leí la primera obra literaria; su título... Santo Dios las tambochas.
A mi edad me impresionó tanto esta historia, que aún me parace ver esos pasajes terribles de unas diminutas hormigas depradadores de la manigua del Amazonas, destazando desde una lombriz hasta un tigre.
Pero hasta aquí llegó el estudio. Eso era suficiente para el hijo de un campesino.Trabajar la tierra era la continuación de una carrera.
Cumplo 7 años y con el azadón al hombro salgo todos los días a rasgar las entrañas de la tierra al lado de mi padre, pasando así hasta la edad de 16 años.
Mi mente no se conformaba con este tipo de vida y ya podía pensar por mi propia cuenta, y aplicando ciertas artimañas me fui a estudiar a la ciudad.
Un pariente me regala el hospedaje y la comida. En la escuela yo era casi un adulto estudiando con niños, al principio fue difícill, pero me acomodé, al fin y al cabo el hombre es un animal de costumbres.
Terminé primaria e inicié el bachillerato llegando a cuarto grado hoy noveno, pero hasta aquí te trajo el río, no había dinero ni quien me ayudara.
Suspendí estudios y viajé a la capital Medellín.
Nuevamente comienza mi tragedia; a buscar parientes donde alojarme y a buscar trabajo en una metrópoli, semejante mostruo para un montañero com lo era yo.
Fueron 3 años de penuria, desempeñe varios oficios, dependiente en un almacén de abarrotes, fabricación de baldosas para pisos, ensamblador de artículos eléctricos, albañilería y almacén de artículos musicales.
Cuando me suspendían o terminaba trabajo y me quedaba sin dinero, regresaba a mi pueblo y en la tierrita de mi papá, rajaba leña o sembraba repollos, con el dinero de estas ventas me regresaba a la capital.
Por esas cosas de la vida, cuando yo era estudiante en mi pueblo, en unas elecciones presidenciales por encargo de un politítico, arrastré muchos - marranos - campesinos
como yo, a las mesas de votación, entregándoles la papeleta con el candidato predefinido.
La política es la cosa más sucia del mundo, pero por la muerte de unos, viven otros.
Este episodio en mi vida, fue la carta de presentación para vincularme como empleado del gobierno.
Así fue ... Que golazo
Mejor dicho me gané la lotería. En el año de 1968 me vinculé como empleado del Departamento de Antioquia. Allí trabajé por espacio de 26 años. En este lapso
de tiempo ocurrieron muchas cosas. Me formé como persona, aprendí lo bueno y lo malo, cometí errores garrafales pero esto hacía parte de la escuela de mi vida.
Conocí mi esposa y procree tres hijos. También logré terminar mi bachillerato a la edad de 43 años y por fin me jubilé.
Una vez jubilado quice volver al campo donde nací y crecí con mis matas, mis ríos, las aves y la libertad de las estrellas.
En un pueblito cualquiera de Antioquia, con mis cesantías adquirí una pequeña parcela, donde yo puediera terminar mis días, sembrando coles y cebollas,
rascándole la barriga a la marrana, o ver nacer el sol en el horizonte y verlo morir en el ocaso.
Salir al pueblo cada ocho días a comprar bobadas, y de regreso empacarme en mi mochila una buchona de aguardiente. Ya, en mi rancho beberme uno, diez o veinte tragos, escuchando un tango, un bolero una ranchera mejicana...
O quizás una sentida canción de carrilera de esas que hacen llorar hasta las vacas.
Pero todo fueron ilusiones vanas ... Esta guerra fratricida que padece nuestra patria, la intolerancia de los grupos armados en conflicto y el caos sin medida de la guerra...Tanto a mi
como a otros compatriotas, enterraron la esperanza de una mejor vida.
En ese pueblo remoto de un rinconcito de Antioquia, quedaron los ahorros de esfuerzo y trabajo de 26 años.
Mas aquí el mundo no se acaba ... Me es indiferente tomar un azadón, un machete pico o pala para acariciar el campo, un palustre una plomada y levantar un muro, tapar un hueco
o coger una gotera. Preparar un sancocho paisa, hacer unos fríjoles con garra, o un dulce de brevas. Coger un picel y una paleta de colores y rayar sobre un lienzo un paisaje de mi vida.
Sentarme al computador para alimentar mi página aunque sea con fantasías imaginarias.
Tengo mi vida y cuento con el apoyo y el amor de mi familia. Sigo con ganas de escribir cosas buenas o sin sentido. Sigo leyendo con las mismas ansias con que leí ese librito
apolillado y escabroso titulado Santo Dios las Tambochas, que encontré cuando era un niño de seis años, en el anaquel de una escuelita campesina llamada Piedra Candela,
novela que de alguna manera señalara al hijo del pueblo nacido de un padre analfabeta y una madre sin estudios, hoy pueda mostrar ante el mundo unos hijos profesionales dispuestos a servir
a la humanidad con sus conocimientos adquiridos a través de sus estudios profesionales.
Mi grupo familiar al que presento con orgullo ante el mundo como ejemplo de superación y hasta donde puede llegar el ser humano cuando tiene ambiciones y se propone ser alguien para el bien de la patria y a la sociedad.
Está compuesto por mi esposa. Educadora por más de 26 años. Ella es la "tatacoa", mejor dicho la que ocupa todos los ministerios de la casa entre ellos: Justicia, Economía y Gobierno.
Hace mucho tiempo como ministra de Guerra me capturó en medio de una borrachera, y como pepa de Guama a la guandoca del matrimonio.
Son 38 años de convivencia y lucha por la vida. Hemos compartido los momentos buenos y difíciles, y ahí vamos songo sorongo, con la educación y crianza de nuestros hijos.
Mi hijo mayor. Profesional como Ingeniero Agrónomo. labora en una empresa de productos químicos y es el gerente internacional de la empresa para centro y sur América.
En sus ratos libres lo dedica al futbol, ya sea como árbitro o como jugador.
Mi segunda hija. Profesional como Trabajadora Social, casada y con dos hijos, mis nietos que me enloquecen y que serán la prolongación de mi generación. Labora como
trabajadora social de la empresa Sofasa. Un inmenso amor por servir a la comunidad en especial a aquellas personas más desprotegidas y con problemas de carácter social.
Mi tercera hija. Diseñadora gráfica. Trabaja por cuenta propia desde la casa y es profesora de diseño gráfico en la Universida Pontificia Bolivariana.
Una pintora en potencia con grandes ambiciones en el difícill mundo del arte.
Este es el resumen de una familia Antioqueña que empezó en ceros hace muchos años, y que ahora ya puede gritar a los cuatro vientos por qué lo raro del empuje Paisa.
Crónica escrita por Carlos E. Alvarez