Cuentos folclóricos de Pedro rimales y Quevedo


Cuento 1.


Pedro Rimales era muy pícaro. Una vez…vio en una loma, por allá arriba, una casita y resolvió subir a pedir de comer. ¡Tanta era el hambre que llevaba! ¡Subió esa loma! Y le dijo a la viejita que vivía allá, que le diera algo de comer, que le vendiera…
---No, Pedro ---le dijo---. En esta casita no hay nada hoy.
Pedro Rimales salió otra vez, loma abajo y, cuando casi había bajado del todo, le gritó la mujercita.
---¡Pedro!! ¿A vos te gusta la carne de venao?
---¡Sí!! -¿ pega que carrera! Y así que subió, la vieja le dijo:
---No: fue que ayer pasó por aquí un venao…


Cuento 2


A Pedro Rimales le gustaba mucho dormir hasta bien tarde. Y la mamá se levantaba a hacer el oficio a las cuatro de la mañana. Y le dijo a Pedro:
---Pedro: levántate, que el que tres horas antes del amanecer se levanta, se aumenta su salud y su capital se adelanta.
Y Pedro contestó:
El que tres horas antes del amanecer se levanta, pierde de dormir un sueño y cualquier bulto lo espanta.


Otra salida de Pedro Rimales.

Y otro día le dijo la mamá:
---Levántate, Pedro, que el que mucho madrugó, una pelota di oros’incontró.
Y Pedro Rimales le dijo: ¡Más madrugó el que la botó.



Cuento 3


Quevedo le hacía de comer a un señor obispo. El rey no quería al señor obispo y lo iba a matar; a buscar izque causas pa podelo matar. Y inventó una: se publicó que lo iba a matar si no le adivinaba tres cosas. Quevedo lo encontró llorando. ---¿por qué llora? ---le preguntó. Y el señor obispo le dijo: ---Es que que el rey me ha de matar, sino le adivino tres gracias y él lo que quiere es matarme. El izque me odia mucho.
---Te tranquilo ---le dijo Quevedo---. Te tranquilo que el rey no lo conoce a usté; yo me pongo sus ornamentos y voy a presentarme ante el rey.
Le dijo el rey: a ver…. Me va a adivinar tres gracias…
---¡Bien pueda diga!
---Qué me haga el favor de decir cuánto pesa la luna.
Y Quevedo le contestó: la luna pesa cincuenta y cinco mil millones de toneladas.
---¿Cómo me comprueba eso? ¿Cómo sé que es verdad lo que uste´dice? --- Muy fácil ---contestó Quevedo---. Usted es el rey: mándese bajar la luna y la pesamos..
---¡aguarde! ---dijo el rey---, aguarde que usté me tiene que adivinar son tres gracias, y todavía faltan dos. Y la segunda es que me va a decir cuánto valgo yo.
---¿Usted? Muy poquito. ¡Usted qué va a valer!! Si cristo, que es el rey de cielos y tierra, fue vendido por treinta pesos, usté, que no manda sinó aquí en esta comarca, lo más que valdrá serán quince pesos…

El rey ai si se puso malucón; siempre le dio algo en que pensar…
---Me hace el favor ---dijo el rey---…. Me hace el favor y me adivina que estoy pensando yo….
---Usted está pensando que está conversando con el señor obispo, y está conversando es con Quevedo, el cocinero del señor obispo. Vea: no vaya a molestar a ese obispo pa nada. Si yo, que soy apenas el cocinero, le puedo contestar todas las gracias que me pregunte…, ¡ese lo tumba! No se meta con él, que lo tumba a usté.


El cuento anterior fue tomado del libro (Testamento del Paisa) escrito por Agustín Jaramillo Londoño. Escritor costumbrista nacido en Medellín - Colombia en el año de 1923.



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