Poemas y mensajes dedicados al anciano o adulto mayor

NO ES VIEJO.

No es viejo aquel que pierde su cabello o su última muela, sino su última esperanza. No es viejo, el que lleva en su corazón el amor siempre ardiente. No es viejo el que mantiene su fe en sí mismo, el que vive sanamente alegre, convencido de que para el corazón puro no hay edad. El cuerpo envejece, pero no la actividad creadora del espíritu.

Para el profano la ancianidad es invierno; para el sabio es la estación de la cosecha. El crepúsculo de la vida trae consigo su propia lámpara. Hay una primavera que no vuelve jamás y otra que es eterna; la primera es la juventud del cuerpo, la segunda es la juventud del alma.

Cuando una noble vida ha preparado la vejez , no es la decadencia lo que ésta recuerda: son los primeros destellos de la inmortalidad. Es estupendo ver un viejo que asume la segunda parte de su vida con tanto coraje e ilusión como la primera.

Para ello tendrá que empezar por aceptar que el sol del atardecer es tan importante como el del amanecer y el mediodía, aunque su calor sea muy distinto.

El sol no se avergüenza de ponerse, no siente nostalgia de su brillo matutino, no piensa que las horas del día lo están echando del cielo. No se experimenta menos luminoso ni hermoso por comprobar que el ocaso se aproxima, no cree que su resolana sobre los edificios sea menos importante o necesaria. Cada hora tiene su gozo. El sol lo sabe y cumple hora a hora su tarea.
¡Ah... si todos los ancianos entendieran que su sonrisa sobre los hombres puede ser tan hermosa y fecunda como ese último rayo de sol antes de ponerse!

Autor Desconocido.


¡¡NO PERMITAS QUE TE LLAMEN VIEJO!!

En la juventud, la belleza es un accidente de la naturaleza. En la vejez, es una obra de arte.

El arte de envejecer consiste en conservar alguna esperanza.

La madurez es el arte de vivir en paz con lo que es imposible de cambiar.

Cuando envejecemos, la belleza se convierte en cualidad interior.

Para lo profano, la tercera edad es invierno, para el sabio, es la estación de la cosecha.

En los ojos de los jóvenes vemos llamas, pero es en los ojos de los mayores donde vemos luz.

Viéndolo bien, no somos tan viejos, lo que pasa es que tenemos muchachas juventudes acumuladas.

Amamos las catedrales antiguas, los muebles antiguos, las monedas antiguas, las pinturas antiguas, y los libros viejos, pero nos hemos olvidado por completo del enorme valor moral y esperitual de los ancianos.

Hay que estar agradecidos de nuestra edad, pues la vejez es el precio de estar vivos.

Cuando ya se han cumplido 80 años -o estamos cercanos- o todo contemporáneo es nuestro amigo.





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