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LA VERDADERA HISTORIA DEL TRAGADERO
Medellín - Colombia
"A quién no le gusta comer bueno, barato y bastante"
Luego de cumplir ocho años en el negocio de venta de alimentos, el pionero de los "todo a $500", se prepara para afrontar nuevos retos, con modernas tecnologías y otras ambiciones.
Probablemente don Héctor Elí Ceballos nunca pensó que una idea tan sencilla como la de vender productos alimenticios más baratos, para que se vendieran en mayor cantidad, le daría tan buen resultado; hoy, ocho años después de "echar" a andar la idea, se ha convertido en el propietario de uno de los negocios más populares de la ciudad, que incluso ya es imitado en otras partes del país: "El Tragadero".
El origen de este singular negocio se remonta a finales de la década de los noventa, cuando don Héctor, como todo negociante visionario, observó cómo la transformación urbana del centro traía consigo otra clase de públicos, con unos hábitos de consumo distintos, en la mayoría de casos, muy supeditada al nivel adquisitivo.
"Había que vender más barato, porque la gente no mantenía como mucha plata, pero que pudieran comprar bastantico", expresa don Héctor Elí al recordar el inicio de este próspero negocio.
Fue así como un día cualquiera, en la carrera Junín, entre la Playa y Maracaibo, un vistoso letrero de "Todo a $250", llamaba poderosamente la atención de los desprevenidos transeúntes y vecinos del local, incluso de los negocios más encopetados y de larga historia y tradición en el centro de Medellín.
"La gente hacía fila para entrar, y bien largas. Al principio no dábamos abasto", recuerda don Héctor, con la nostalgia propia de aquellos que emprenden toda una obra "quijotesca".
Se amplía el negocio
Debo admitir que en mis épocas de estudiante fue cliente asiduo de la singular cafetería. Cuando los recursos son escasos y de lo que se trata es de buscar economía, qué mejor para calmar los clamores del estómago que un buñuelo, un croissant, o un palito de queso y una gaseosa, máxime si con una moneda de $500 bastaba para el banquete.
También me tocó hacer fila, pues no era el único que estaba cautivado con la novedad (y corto en el presupuesto). Con el tiempo, la opción de comida a "precios de feria" fue extendiéndose por la ciudad, en especial en el centro, donde los consumidores, igual que yo, estamos ávidos de buenos precios.
"Al ver la demanda que teníamos tuvimos que abrir otro, también por los lados del centro, creo que fue el de Ayacucho", expresa don Héctor Elí, agregando que, sin darse cuenta, tenía quince de sus negocios ubicados estratégicamente. "El público para este negocio es del centro", razón de más para instalar los otros puntos de venta en la Avenida Oriental, Maracaibo, Parque Berrío, Palacé, Maturín, Sucre, Colombia y Parque Bolívar.
Pero, como el mismo dice, que sólo lo bueno es digno de ser imitado, comenzaron a pulular, como en una especia de particular contagio, decenas de negocios del "Todo a $250", algunos de los cuales, en un arranque de originalidad, para lograr el "plus diferencial", ofrecían todos sus productos a la módica suma de $300.
Con mi escasa formación en finanzas, trate de comprender el éxito comercial de una actividad que arrasaba con los precios del mercado. Dado que manejo mejor el idioma cantonés que las reglas matemáticas, desistí de mi empeño y esperé a que la vida me diera la oportunidad de hablar con el alma y cerebro de este negocio.
"Primero vendemos en volúmenes. Antes, alguien entraba a una cafetería en el centro y con dos mil pesos sólo podía comprar dos productos; pero lo que nosotros le estábamos ofreciendo era que, por la misma plata, comprara dos, tres y hasta cuatro productos"; después de más de cinco años, don Héctor resolvió mi gran incógnita.
"Por otra parte, somos autoabastecedores, todo lo que vendemos, nosotros mismos lo producimos y eso nos ahorra muchos costos". Con esto, comprendía otra faceta de este popular negocio.
Cambia el nombre
Hace cinco años no sabría diferenciar entre los negocios de don Héctor y los de sus competidores. "El nombre de mis negocios suena muy paisa, muy como somos nosotros y lo que queríamos", comenta don Héctor, aludiendo al particular nombre de 'El Tragadero', con la que bautizó sus locales.
Sin embargo, para fortuna de sus rivales comerciales, el nombre se popularizó tanto que ya todos los negocios de "Todo a tanto", se relacionan en la imagen de la sociedad como los tragaderos, cuando perfectamente pueden ser los que "jartan", se "embuchan", o algún otro apelativo propio de nuestro léxico regional.
"Que copien la idea no es problema, pero si ha sido complicado para nosotros el que imiten los uniformes, hasta la imagen", lo que se puede prestar para malinterpretaciones, preocupación de Don Héctor.
Situación que efectivamente, ocurrió. Según informaciones del Invima, vienen proliferando en Bogotá una serie de negocios con el nombre "El Tragaderito", en los que, luego de inspecciones sanitarias, se han encontrado desagradables sorpresas.
La noticia conmocionó a la opinión pública. Los titulares y las informaciones relacionaron su nombre con otro tipo de negocios, lo cual preocupó a don Héctor, aunque confiesa que su público y sus proveedores le dieron todo un espaldarazo.
"Al otro día algunos clientes habituales y socios comerciales me dijeron que si había que recoger firmas para mostrar que éramos un negocio serio, cumplidor de las normas, lo harían", y tiene en mente, de ser necesario, darse una "pasadita por Bogotá". "Tengo que cuidar mi marca, pues yo la tengo registrada en Cámara de Comercio", comentó.
Al César, lo que es del César, por eso, y para continuar con las confesiones, aún
sigo frecuentando, aunque muy esporádicamente, aquel negocio de Junín, entre la Playa y Maracaibo,
más que por una infinita gratitud glotona, por el sabor de sus productos; lástima que ya todo no
sea a $250.
Hoja de vida.....Cuento paisa sacado de la vida real.
Mercando gratis.....Un paisa mercando sin plata en el bolsillo.
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