Medellín...Sus luchas...Sus amores...Dichas y Sinsabores
Al pie del palacio de la Cultura, antigua gobernación de Antioquia, a media vuelta del parque de
las esculturas del pintor Fernando Botero, a 50 metros del hotel Nutibara y en los bajos de la
estación del metro en el parque Berrío, Medellín es un enjambre heterógeneo de seres humanos,
donde vibra el comercio, el compadrazgo y la vagancia.
Es punto de encuentro para hombres de negocios informles, sestiadero de jubilados, escape de
vagos y desplazados o paso obligado de personas apuradas por llegar a su casita, al estudio,
al trabajo o a cumplir un cita.
Por estos lugares circula el dinero, y el hambre hace estragos en estómagos de los
desposeídos de la fortuna.
Se pide limosnas o se esculca los bolsillos a desprevenidos transeúntes, lo que vale es
conseguir lana para comprar una gaseosa y pan...o por qué no?, un almuerzo de
ochocientos pesos "30 centavos de dólar".
¡Sí!..Un almuerzo por 800 pesos, bien carnudo, bueno y barato que vende Luisa, Pedro,
Manuel o Rosa como los de la foto.
Pulsa la imagen para verla grande.
Cualquiera de estos personajes son habitantes de la ciudad cabezas de familia, que vive en un
barrio popular enclavado en una de las laderas de Medellín, donde no llega la justicia
social, y si llega no alcanza para todos.
Todos los días bajan con su olladas o canecas repletas de fríjoles bien caladitos,
en otros recipientes traen arepas y sabroso hogao pa,mejorar el sabor.
Su olor se presiente desde lejos, abriendo el apetito a cuanto mortal pase por su
lado e hiriendo el alma del famélico gamincito, que tirado en el piso, a unos metros
duerme anestesiado por el sacol, pues este pegante suicida, le hizo olvidar el hambre.
Su ubicación es trashumante, un rato aquí, otro allá, pues las autoridades
del espacio público los persigue y desaloja por que afean el entorno y paisaje
urbanístico.
Injusticia o legalismo, No lo sé...mientras estas gentes trabajan
honradamente y salvan fatigas de los estómagos vacíos, el pordiosero, el gamincito, que maltrajdos, sucios,
drogaditos y enfermos, siguen impugnes ante la vista gorda del celoso guardabosques
de la selva urbana.
Un almuerzo por ochocientos pesos " 30 centavos de dólar", debe ser un vaso de agua,
se imagina todo el mundo...
¡Pero no compadre!
Es un plato de fríjoles con garra de cerdo y acompañado de una porción de
arroz sudado, una cucharada de sabroso hogao y pa;rematar se la cuñan con una arepa de
maíz trillado.
Opinamos los que comemos en casa o elegantes restaurantes, que eso es antihigiénico y
mata a las 24 horas...
Puede que la higiente está un poco ausente, y eso de las bacterias lo mata la candela,
y lo que ojos que no ve, corazón no siente.
Que allí sólo comen los desarraigados...
¡Que equivocados estamos!
Allí sentado en el piso con el plato entre las piernas, disfruta de suculenta
vianda, el limosnero, el gamín o el vago.
De pie y recostado a una pared el jubilado que no tiene plata ni familia. Más allá,
el empleado de una empresa donde solo gana el mínimo y su dinero no alcanza para ir a
casa o almorzar en otra parte.
El profesional ya sea abogado, ingeniero o arquiteto, mandan a su mensajero para que de estos
almorzaderos les envíen un domicilio, servido en plato de icopor y en papel aluminio
bien envuelto.
Otros más descomplicados guardan en su oficina, su cajita o lonchera y de corbata o flux,
sin prejuicios llegan donde el artista del frijol con garra, a que les llenen sus vasijas
con los olorosos preparados, arguyendo que no pueden dejar pasar un día sin comer
fríjoles, por que para el paisa este plato es una religión.
También come allí, el universitario pobre y desplatado, o el goza la vida
descomplicado y sin afanes.
El pobre, por que sólo tiene el dinero para regresar a su casa, no tiene afán ni
se arruga ante nada, lo invierte en un plato de fríjoles con hogao y garra.
El que goza la vida, le gusta tener aventuras y la opinión le importa un comino.
Ambos, en una banca cualquiera, se sientan a disfrutar de su comida informal, mientras la vida
pasa sin desesperos ni tropeles.
Luego toman su morral al hombro y silbando una canción de moda, se dirijen a pie hasta
sus casas, no importa cuantas horas demore el viaje, lo que importa es el estómago
relajado y satisfecho, por que el corazón también está repleto de amores,
y el alma de ilusiones y esperanzas.
¿Sabe qué mi don...?
¡Esa es la vida!
Son las paradojas de nuestro diario vivir hermano, mientras a unos cuantos metros, el pudiente
come langosta, caviar y vino sobre manteles blancos y música orquestada...
El desprotejido fríjoles con arroz, garra y arepa, y su música de fondo es la
libertad del viento que sobre sus cabezas silva.
¡Oh vanidad humana!..
¿Por qué no miraís un poco atrás, donde viene tu
hermano deshilachado y triste y una ayuda te pide..?
Recuerda mundo indolente, que el comer para matar el hambre, es el más grande placer
que se disfruta en la vida.
Al pie de un árbol, un callejón oscuro o un límpido inodoro, lo que fue
manjar y dicha...
¡Mañana!
No serás más...
Que una pestilencia mierda.
Crónica escrita por Carlos E. Alvarez editor de www.chispaisas.info
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Medellín por dentro.
Conoce estos lugares que también hacen parte de nuestras costumbres e idiosincracia
paisa.
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Desde Montenegro Quindío eje cafetero de Colombia, el paisa Chucho Musgo mayordomo y administrador virtual de las haciendas y fincas
del parque del café, invita a todos los colombianos y extranjeros a dejar las marañas de cemento y a cambio admiren nuestras
montañas y bellezas naturales de nuestro pais. Será un paseo turístico y ecológico lleno de emociones donde podrá interactuar
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