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Continuación de la hsitoria Paisa....


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Por favor mi Don...!Un guaro pa'empezar¡

Como nos cambia la vida. Ya necesito un aguardiente para poder decir algo.
Soy el personaje de la foto. Hace 61 años en una humilde casita de la vereda el Tambo, del Municipio de Abejorral nació el autor de este episodio.

Soy el mayor de la manda de los 13 hijos de esta prolífica familia paisa campesina.
Como todo niño campesino y pobre, fui creciendo entre flores, animales, rezos y canciones.
Al cumplir los 5 años, en una escuelita rural entré para aprender mis primeras letras. Tres kilómetros separaban mi casa del plantel educativo, recorrido que debía hacer los cinco días de la semana. Una talega de trapo y una jíquera "bolsa de cabuya" eran mis únicas compañeras de viaje. En la talega llevaba un cuaderno y lápiz y en la jíquera una botella con agua de panela y una arepa de maiz pelao como desayuno.

Ese mismo año aprendí a leer y a escribir. No sé como lo hice, pero se cumplió la sentencia del campesino paisa..."La letra con sangre entra", craso error, pero se cumplió.

El segundo año fue determinante en el rumbo de mi vida, y aquí comienza la evolución de un humilde campesino.
Aprendí otras cositas, no recuerdo que, y leí la primera obra literaria; su título...
"Santo Dios las tambochas".

A mi edad me impresionó tanto esta historia, que aún me parace ver esos pasajes terribles de unas diminutas hormigas depradadores de la manigua del Amazonas destazando desde una lombriz hasta un tigre.

Pero hasta quí llegó el estudio. Eso era suficiente para el hijo de un campesino. Trabajar la tierra era la continuación de una carrera.

Cumplo 7 años y con el azadón al hombro salgo todos los días a rasgar las entrañas de la tierra al lado de mi padre, pasando así hasta la edad de 16 años.
Mi mente no se conformaba con este tipo de vida y ya podía pensar por mi propia cuenta, aplicando ciertas artimañas me fui a estudiar a la ciudad.

Un pariente me regala el hospedaje y la comida. En la escuela yo era casi un adulto estudiando con niños, al principio fue difícil, pero me acomodé, al fin y al cabo el hombre es un animal de costumbres.

Terminé primaria e inicié el bachillerato llegando a cuarto grado "Hoy noveno", pero hasta quí te trajo el río, no había dinero ni quien me ayudara. Suspendí estudios y viajé a la capital "Medellín". Nuevamente comienza mi tragedia; a buscar parientes donde alojarme y a buscar trabajo en una metrópoli, semejante mostruo para un montañero.

Fueron 3 años de penuria, desempeñé varios oficios, dependiente en un almacén de abarrotes, fabricación de baldosas para pisos, ensamblador de artículos electrícos, albañilería y almacén de artículos musicales.

Cuando me suspendían o terminaba trabajo y me quedaba sin dinero, regresaba a mi pueblo y en la tierrita de mi papá, rajaba leña o sembraba repollos, con el dinero de estas ventas me regresaba a la capital.

Por esas cosas de la vida, cuando yo era estudiante en mi pueblo, en unas elecciones presidenciales por encargo de un politíco, arrastré muchos "marranos" campesinos como yo, a las mesas de votación, entregándoles la papeleta con el candidato predefinido.

La política es la cosa más sucia del mundo, pero por la muerte de unos,...Viven otros. Este episodio en mi vida, fue la carta de presentación para vincularme como empleado del gobierno.

!Asi fue ...Que golazo!
Mejor dicho me gané la lotería. En el año de 1968 me vinculé como empleado del Departamento de Antioquia. Allí trabajé por espacio de 26 años. En este lapso de tiempo ocurrieron muchas cosas. Me formé como persona, aprendí lo bueno y lo malo, cometí errores garrafales pero esto hacía parte de la escuela de mi vida. Conocí mi esposa y procree tres hijos. También logré terminar mi bachillerato a la edad de 43 años y por fin me jubilé.

Una vez jubilado quice volver al campo donde nací y crecí con mis matas, mis ríos, las aves y la libertad de las estrellas.

En un pueblito cualquiera de Antioquia, con mis cesantías adquirí una pequeña parcela, donde yo puediera terminar mis días, sembrando coles y cebollas, rascándole la barriga a la marrana, o ver nacer el sol en el horizonte y verlo morir en el ocaso.

Salir al pueblo cada ocho días a comprar bobadas, y de regreso empacarme en mi mochila una buchona de aguardiente. Ya, en mi rancho beberme uno, diez o veinte tragos, escuchando un tango, un bolero una ranchera mejicana...O quizás una sentida canción de carrilera de esas que hacen llorar hasta las vacas.

Pero todo fueron ilusiones vanas...Esta guerra fratricida que padece nuestra patria, la intolerancia de los grupos armados en conflicto y el caos sin medida de la guerra...Tanto a mi como a otros compatriotas, enterraron la esperanza de una mejor vida.

En ese pueblo remoto de un rinconcito de Antioquia, quedaron los ahorros de esfuerzo y trabajo de 26 años.

Mas aquí el mundo no se acaba...Me es indiferente tomar un azadón, un machete pico o pala para acariciar el campo, un palustre una plomada y levantar un muro, tapar un hueco o coger una gotera. Preparar un sancoho paisa, hacer unos fríjoles con garra, o un dulce de brevas. sentarme al computador para alimentar mi página aunque sea con fantasías imaginarias.

Tengo mi vida y cuento con el apoyo y el amor de mi familia.
Sigo con ganas de escribir cosas buenas o sin sentido.
Sigo leyendo con las mismas ansias con que leí ese librito apolillado y escabroso titulado "Santo Dios las Tambochas", que encontré cuando era un niniño de seis años, en el anaquel de una escuelita campesina llamada Piedra Candela, novela que de alguna manera señalara al hijo del pueblo nacido de un padre analfabeta y una madre sin estudios, hoy pueda mostrar ante el mundo unos hijos profesionales dispuestos a servir a la humanidad con sus conocimientos adquiridos través de sus estudios profesionales.

Debes mirar todos los números para ver la historia completa....

1......2......3


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